Esta imagen es el producto de las seis estaciones oceanográficas que se han hecho hasta ahora desde el buque ARC 20 de Julio, en la Tercera Expedición Antártica Colombiana. En cada una de las paradas se toman los signos vitales del agua marina, incluyendo su temperatura, salinidad y profundidad. La estación número seis, del día 12 de enero, fue especialmente emocionante porque se logró hacer en medio del mítico Paso de Drake, un lugar donde las olas, corrientes y vientos son notablemente violentos. Por eso no se le ha tomado el pulso con mucha frecuencia.

Cuando el tiempo amainó lo suficiente, el grupo de investigadores pudo sumergir el delicado instrumento CDT hasta casi 600 metros de profundidad. Los datos comprobaron que el agua de la Corriente Circumpolar Antártica es muy rica en oxígeno y baja en sal (por la cercanía del hielo) y que este es el inicio de su largo viaje hacia el norte, durante el cual no solo perderá oxígeno y ganará sal, sino que se hundirá cada vez más hacia el fondo.

Qué significa esto para las aguas del Pacífico colombiano, su relación con el efecto del Niño y la productividad de las pesquerías de la costa Pacífica, es una de las muchas cosas que el grupo de multidisciplinario espera estudiar durante los años por venir.

Una cosa sí es clara: el agua que se mueve a consecuencia de los sutiles cambios de salinidad y temperatura (un fenómeno que los oceanógrafos llaman ‘circulación termohalina’) es una conexión evidente entre la Antártida y Colombia, con toda la vida que lleva en su seno. Un mapa escondido que revela la enorme complejidad y cambios de personalidad que sufren las masas de agua allá en la oscuridad donde sólo las pueden ver los instrumentos oceanográficos más eficientes.

Ángela Posada-Swafford